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Culpa de todos, incluso de Paul

Culpa de todos, incluso de Paul

Cuando el acoso escolar –o bullinggg a lo chaquespeare de Jacinto Benavente- se empieza a convertir en un producto que vende periódicos, minutos televisivos, plataformas con ánimo de lucro, herramientas de prevención, detección y actuación (limpia, fija y da esplendor) traídas (compradas) de países que suenan bien tipo Finlandia… es momento de levantar una ceja, subirse al sofá más cercano y en un arranque del “orgullo” más consumido –otra cosa señora Rosa- gritar aquello de “¡Páralo Paul!”.

Pero Paul nunca está cuando se le necesita, y el acoso escolar empieza a ser un negocio que en última instancia perjudica al más perjudicado. Porque ahora el acosado no solo es el blanco de la inseguridad de “otros”, sino también una vía fácil para su transcendencia (la de los “otros”). El acoso ha adquirido un “más allá” mediático golosísimo. Y nadie niega que el ser humano anhela transcender insaciablemente (ahí tenemos el problema del terrorismo). Por este motivo, si cada día aparecen nuevos casos (ciertos o inciertos) y se da una amplia y morbosa cobertura de ellos -poniendo el foco en el acosador y acosado, acreditado o no-, por el efecto contagio de la notoriedad, aparecerán más. No podemos olvidar que el acosador es un ser débil que requiere del reconocimiento, pero que se ha quedado en el camino conformándose con el terror ajeno, y a más ajenos más “otros”. Indudablemente como decía el torero Rafael el Gallo refiriéndose a Ortega y Gasset: “Hay gente pa tó”.

Yo creo (aunque creyendo no se gane dinero) que se debiera de desviar el punto de mira radicalmente, quitárselo a la victima que al final revierte en el “otro”, y centrarlo en el amigo, compañero, “el que pasaba por ahí” que ayuda a la víctima y se enfrenta al “otro”. Que la noticia fuera: “Alumnos de la clase tal del colegio cual llamados fulanito y menganito se convierten en héroes al defender a su amigo Pascual”. Que fueran fulanito y menganito el principal mensaje a la sociedad, sobre todo al tratarse de una etapa tan maleable como la edad escolar, en la que es tan importante lanzar los mensajes adecuados. Nadie duda de que la valentía, la tolerancia, el respeto, o la solidaridad son lo más efectivo para acabar con el acoso del tipo que sea, pero desgraciadamente venden menos y eso sí que es culpa de todos, incluso de Paul.

Graciela G. Oyarzabal
Departamento de Comunicación

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